Octavia piensa:
El día que me vaya no se lo diré a nadie.
Que pasen los días sin saber adónde voy, y sin saber su opinión sobre mi viaje. Que me miren en el tren y no sepan quién soy. Que no tenga que sonreír si no quiero. Hablar si no quiero. Comer sin hambre. Reír sin ganas.
Octavia piensa:
El día que me vaya no se lo diré a nadie.
[...]
En la cocina hace los ejercicios de cada día, con claras de huevo y gárgaras y té caliente. Cuando uno vive de su voz tiene que hacer marranadas así. Gárgaras de clara de huevo.
Qué asco.
[...]
Al entrar en el metro y después de marcar su billete; Octavia espera en el andén a que llegue su tren. Cuando lo hace, Octavia abre las puertas y es entonces, mientras busca con la mirada un sitio donde sentarse, cuando oye su propia voz saludarla desde los altavoces del vagón.