ELE

La voz del destino

In Ficción on noviembre 4, 2008 at 16:37

Octavia piensa:

El día que me vaya no se lo diré a nadie.                                      

Que pasen los días sin saber adónde voy, y sin saber su opinión sobre mi viaje. Que me miren en el tren y no sepan quién soy. Que no tenga que sonreír si no quiero. Hablar si no quiero. Comer sin hambre. Reír sin ganas.octavia

Octavia piensa:

El día que me vaya no se lo diré a nadie.

[...]

En la cocina hace los ejercicios de cada día, con claras de huevo y gárgaras y té caliente. Cuando uno vive de su voz tiene que hacer marranadas así. Gárgaras de clara de huevo.

Qué asco.

[...]

Al entrar en el metro y después de marcar su billete; Octavia espera en el andén a que llegue su tren. Cuando lo hace, Octavia abre las puertas y es entonces, mientras busca con la mirada un sitio donde sentarse, cuando oye su propia voz saludarla desde los altavoces del vagón.

Próxima parada, Urquinaona. Correspondencia con la Línea 4.  

Recuerda con dificultad la época en la que esto la sorprendía. Aquellos primeros días en que al anuncio de la próxima estación le seguía una sonrisa y un imperceptible sonrojo, como si de alguna manera los otros cuarenta pasajeros fueran a saber que ésa era su voz.

De eso hace un tiempo ya.

t08673

 

[Fragmento] El día que me vaya no se lo diré a nadie

Kiko Amat

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